LA PROFESIÓN DE LA ABOGACÍA según ELENA CERVANTES RQ

CUANDO ME PROPUSIERON PARTICIPAR COMO PONENTE EN LA UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE PARA DIALOGAR SOBRE NUESTRA EXPERIENCIA PROFESIONAL COMO ABOGADA A ALUMNOS DEL MÁSTER DE ABOGACÍA, Fue toda una ocasión para pararme a pensar en mi propia vivencia y corta trayectoria bajo, desde el día en el que entré en el despacho RedQualitas con mi carta de presentación, hace ya dos años y medio, hasta el día de hoy en que visto la toga en sala, con todo lo que ello implica.

 

Precisamente enfoqué la charla en hablar sobre aptitudes y actitudes del abogado, pensamientos, miedos comunes y fuentes de fortaleza adonde aferrarte, siendo consciente de que la mayoría del auditorio probablemente se encontraba perdido en estos momentos de toma de decisiones.

Lógicamente la carrera de Derecho tiene múltiples salidas, algunas desconocidas para los estudiantes a un título de ser juristas. En mi caso, no obstante, la elección por el ejercicio de la abogacía fue “vocacional”.

 

Creo que el ejercicio de abogad@ es de valientes, como punto de partida. Es lo que son mis compañeros y mentores. No sabré mucho de nada todavía, pero es un camino difícil y, lo más complicado, de elaboración propia. Riesgo sin seguro.

Resulta muy difícil imaginarnos a cualquiera de nosotros en casi cualquier actuación que llevamos a cabo en el día a día sin serlo. Podemos tener un día gris o negro, sentirnos perdidos o creer que tenemos todas las papeletas del premio al fracaso, pero tiramos para adelante. Lo cual me lleva a afirmar que no hay que tener miedo. Conocer nuestra profesión y ubicarnos en ella lleva su tiempo.

Así que, PRIMER CONSEJO, DESECHAR EL MIEDO. No pasa absolutamente nada por sentirnos inseguros, invisibles o incluso ineptos en ocasiones, o por equivocarnos. Es más, la única lectura de un error debería ser en positivo. Eso después de querer escondernos en una cueva durante 24 horas cuando algo nos sale mal, que es el margen que me doy personalmente para la frustración y el runrún. Dar más tiempo, condiciona y bloquea. No es útil. Esto se entrena.

EL SEGUNDO, CONFIAR EN UNO MISMO.

EL TERCERO, SER POLIVALENTE, ESPABILADO Y CURIOSO; porque el que no corre, vuela.

EL CUARTO, TRABAJAR DURO, ESTUDIAR DURO.

Y EL QUINTO, NO PERDER DE VISTA LO QUE HAY MÁS ALLÁ DEL TRABAJO.

Y no por orden de importancia, pues la clave está en unificarlos en una misma filosofía.

Además, una circunstancia obvia pero que creo que debemos tener muy presente es que trabajamos con y para personas. Acuden a nosotros bien con una necesidad, bien con un problema, o buscando una solución. Esto es esencial. Tenemos que tener claro cuál es nuestro papel en esta sociedad. Debemos ser ejemplo de templanza, de toma de decisiones y de ser motor de cambio.

Por último, al hilo del desarrollo, quise destacar brevemente un pro y un contra de nuestra profesión. Por un lado, el ejercicio me parece en mi caso muy gratificante, aporta gran realización personal, a la vez que implica un gran sacrificio a todos los niveles, que hay que aprender a gestionar. Por otro, y como contra dual y vinculado, existe una preocupante y persistente infravaloración de nuestro trabajo precariedad salarial, esta última que caracteriza sobre todo y por supuesto los comienzos.

AÚN CON TODO, QUIEN QUIERE, PUEDE.

FDO.- ELENA CERVANTES ROMÁN

ABOGADA EN REDQUALITAS Abogados y Economistas